Profetas en nuestra tierra

Una de las características principales de los profetas del Antiguo Testamento era la denuncia de la injusticia social, de la idolatría de Israel y su inmoralidad delante del Señor. 


A menudo pensamos que la labor profética estaba sujeta a mística y revelaciones sobrenaturales de Dios hacia los videntes del pueblo israelita, pero no es así. De hecho el trabajo de un profeta consistía más en la denuncia que en experiencias místicas. Eso nos demuestra que el servidor de Dios era alguien que estaba muy enterado de su realidad social y, como consecuencia, proclamaba justicia en defensa de los oprimidos y desprotegidos, asimismo le recordaba al pueblo los mandamientos de Dios y las consecuencias de apartarse de la ley divina.

Por supuesto el profeta era alguien incómodo para los gobernantes y religiosos que rendían culto a los dioses de culturas politeístas que rodeaban a Israel. Incluso algunos terminaron asesinados por su mensaje, de parte de Dios, muy duro en contra de las injusticias y la idolatría. Pero su llamado era ese, y lo cumplieron sin titubear. Y aun cuando quisieron abandonar su llamado, un fuego interior ardía y los incitaba a no callar el mensaje de Dios, como en el caso de Jeremías.

La labor profética veterotestamentaria, en este sentido, sigue vigente. Y es más, no necesariamente debemos recibir el reconocimiento de PROFETAS para abrazar esta labor y denunciar las injusticias en nuestra tierra. Es decir, podemos ser profetas en nuestra tierra en función de denunciar las injusticias que vemos y sabemos.

Ser cristianos implica, necesariamente, abrazar la labor profética en nuestra tierra. Y en ese sentido no es la voluntad de Dios que sus hijos vivan en una burbuja de fanatismo religioso aislado de su realidad social, al contrario el Señor quiere que asumamos nuestra labor profética y denunciemos toda clase de injusticia en contra de los oprimidos y desprotegidos.

Obviamente esto nos hará incómodos para los injustos, pero "Bienaventurados los que son perseguidos por la justicia". 

La labor profética no es fácil porque se corre el peligro de perder la vida en nombre la justicia, pero quizá no hay forma más noble de morir que por esta causa. ¿Estás en disposición de ser profeta en nuestra tierra? Espero que sí.

El Señor nos ayude a cumplir nuestra labor profética y a estar conscientes que, así como Jesús, también nosotros hemos sido ungidos para tal labor: 

 «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor.»


Lc 4: 18-19

¡Es hora de cumplir nuestra labor profética y estar dispuestos a asumir las consecuencias y represalias por proclamar los valores del Reino de Dios! 

Cuestionar las cosas, es un deber cristiano

Desde niños somos instruidos en los valores culturales comunes y los tomamos como un hecho establecido. Por ejemplo consideramos que el cereal en el desayuno se ha convertido en el alimento "correcto".

La socialización, es decir aprender cómo es nuestra cultura, moldea los cánones por los que vivimos. Damos por hecho nuestro estilo de vida. ASUMIMOS QUE LAS COSAS SON COMO DEBEN SER. Por ejemplo también pensamos que el agua embotella es saludable, y la publicidad nos dice que empresas como Coca Cola y su agua embotellada es más saludable pero lo que no nos dicen es que esa agua es también potable sin ser procesada, así nosotros llegamos a pensar que es mejor consumir esa agua y botamos nuestro dinero porque al final la misma agua potable sin ser purificada tomamos.

Aceptamos los valores y normas que presenta la pantalla y la propaganda sencillamente porque "Así es la vida". Si nuestro sistema económico establece un salario mínimo, lo aceptamos como "JUSTO" sin pensarlo dos veces. Si alguien viola nuestra propiedad, felizmente entablamos juicio, después de todo "para eso está la ley".

Los valores, creencias y normas de nuestra sociedad penetran tan profundamente en nuestra mente que ya no vemos las alternativas. Por eso es que a través de todos los evangelios, Jesús presenta el Reino de Dios como un nuevo orden que rompe con las costumbres, valores y proposiciones antiguas que gobiernan nuestra vida. Como ciudadanos del reino no podemos asumir que las cosas están bien solamente porque "así son".

Los cristianos no debemos ser ningunos tontos y aceptar todo solo porque "así se acostumbran las cosas". Los cristianos somos, o deberíamos ser, personas pensantes, que cuestionan todo lo que está en contra de los valores del Reino de Dios.

Por eso ya lo he dicho en otras ocasiones: BIENAVENTURADOS LOS QUE CUESTIONAN TODO, PORQUE ELLOS CONOCERÁN LA VERDAD Y COMENZARÁN A HACER CAMBIOS.

No puedo concebir a un cristiano que no cuestiona las cosas porque entonces ¿Qué cambio hay en su vida? Jesús dijo que por sus frutos se conocerán a sus seguidores. Y parte de esos frutos es ya no vivir según los valores del sistema de pecado.

Mis estimados y estimadas, escribo esto porque me encuentro preocupado por la poca importancia que muchos cristianos le dan a su realidad social. ¡Dios quiera que ustedes puedan cuestionar las cosas que van contra el Reino de Dios y no hacer las cosas solo porque así se acostumbran hacer!

Un abrazo.
Que el Shalom de Dios sea con ustedes.
Ezequiel Barrera


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