Profetas en nuestra tierra

Una de las características principales de los profetas del Antiguo Testamento era la denuncia de la injusticia social, de la idolatría de Israel y su inmoralidad delante del Señor. 


A menudo pensamos que la labor profética estaba sujeta a mística y revelaciones sobrenaturales de Dios hacia los videntes del pueblo israelita, pero no es así. De hecho el trabajo de un profeta consistía más en la denuncia que en experiencias místicas. Eso nos demuestra que el servidor de Dios era alguien que estaba muy enterado de su realidad social y, como consecuencia, proclamaba justicia en defensa de los oprimidos y desprotegidos, asimismo le recordaba al pueblo los mandamientos de Dios y las consecuencias de apartarse de la ley divina.

Por supuesto el profeta era alguien incómodo para los gobernantes y religiosos que rendían culto a los dioses de culturas politeístas que rodeaban a Israel. Incluso algunos terminaron asesinados por su mensaje, de parte de Dios, muy duro en contra de las injusticias y la idolatría. Pero su llamado era ese, y lo cumplieron sin titubear. Y aun cuando quisieron abandonar su llamado, un fuego interior ardía y los incitaba a no callar el mensaje de Dios, como en el caso de Jeremías.

La labor profética veterotestamentaria, en este sentido, sigue vigente. Y es más, no necesariamente debemos recibir el reconocimiento de PROFETAS para abrazar esta labor y denunciar las injusticias en nuestra tierra. Es decir, podemos ser profetas en nuestra tierra en función de denunciar las injusticias que vemos y sabemos.

Ser cristianos implica, necesariamente, abrazar la labor profética en nuestra tierra. Y en ese sentido no es la voluntad de Dios que sus hijos vivan en una burbuja de fanatismo religioso aislado de su realidad social, al contrario el Señor quiere que asumamos nuestra labor profética y denunciemos toda clase de injusticia en contra de los oprimidos y desprotegidos.

Obviamente esto nos hará incómodos para los injustos, pero "Bienaventurados los que son perseguidos por la justicia". 

La labor profética no es fácil porque se corre el peligro de perder la vida en nombre la justicia, pero quizá no hay forma más noble de morir que por esta causa. ¿Estás en disposición de ser profeta en nuestra tierra? Espero que sí.

El Señor nos ayude a cumplir nuestra labor profética y a estar conscientes que, así como Jesús, también nosotros hemos sido ungidos para tal labor: 

 «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor.»


Lc 4: 18-19

¡Es hora de cumplir nuestra labor profética y estar dispuestos a asumir las consecuencias y represalias por proclamar los valores del Reino de Dios! 

Cuestionar las cosas, es un deber cristiano

Desde niños somos instruidos en los valores culturales comunes y los tomamos como un hecho establecido. Por ejemplo consideramos que el cereal en el desayuno se ha convertido en el alimento "correcto".

La socialización, es decir aprender cómo es nuestra cultura, moldea los cánones por los que vivimos. Damos por hecho nuestro estilo de vida. ASUMIMOS QUE LAS COSAS SON COMO DEBEN SER. Por ejemplo también pensamos que el agua embotella es saludable, y la publicidad nos dice que empresas como Coca Cola y su agua embotellada es más saludable pero lo que no nos dicen es que esa agua es también potable sin ser procesada, así nosotros llegamos a pensar que es mejor consumir esa agua y botamos nuestro dinero porque al final la misma agua potable sin ser purificada tomamos.

Aceptamos los valores y normas que presenta la pantalla y la propaganda sencillamente porque "Así es la vida". Si nuestro sistema económico establece un salario mínimo, lo aceptamos como "JUSTO" sin pensarlo dos veces. Si alguien viola nuestra propiedad, felizmente entablamos juicio, después de todo "para eso está la ley".

Los valores, creencias y normas de nuestra sociedad penetran tan profundamente en nuestra mente que ya no vemos las alternativas. Por eso es que a través de todos los evangelios, Jesús presenta el Reino de Dios como un nuevo orden que rompe con las costumbres, valores y proposiciones antiguas que gobiernan nuestra vida. Como ciudadanos del reino no podemos asumir que las cosas están bien solamente porque "así son".

Los cristianos no debemos ser ningunos tontos y aceptar todo solo porque "así se acostumbran las cosas". Los cristianos somos, o deberíamos ser, personas pensantes, que cuestionan todo lo que está en contra de los valores del Reino de Dios.

Por eso ya lo he dicho en otras ocasiones: BIENAVENTURADOS LOS QUE CUESTIONAN TODO, PORQUE ELLOS CONOCERÁN LA VERDAD Y COMENZARÁN A HACER CAMBIOS.

No puedo concebir a un cristiano que no cuestiona las cosas porque entonces ¿Qué cambio hay en su vida? Jesús dijo que por sus frutos se conocerán a sus seguidores. Y parte de esos frutos es ya no vivir según los valores del sistema de pecado.

Mis estimados y estimadas, escribo esto porque me encuentro preocupado por la poca importancia que muchos cristianos le dan a su realidad social. ¡Dios quiera que ustedes puedan cuestionar las cosas que van contra el Reino de Dios y no hacer las cosas solo porque así se acostumbran hacer!

Un abrazo.
Que el Shalom de Dios sea con ustedes.
Ezequiel Barrera

¿Qué es el Reino de Dios?

Con una simple lectura a los evangelios uno capta rápidamente que el mensaje principal de Jesús fue el del Reino de Dios.

"Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia entre la gente" (Mateo 4:23). Su mensaje, "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca", era el mismo mensaje de Juan el bautista porque el reino realmente había aparecido en el momento y espacio, en la persona de Jesús. Cabe destacar que en más de ochenta ocasiones en los evangelios, Jesús se refiere al Reino. Es más, él contó parábolas que ilustran la manera en que viene el Reino (Mt 13).

Es importante notar que la misión de Jesús era anunciar las buenas nuevas del Reino, mostrar cómo era, demostrar sus obras, decir cómo se entra y establecer la comunidad mesiánica en forma embrionaria. A decir verdad, Jesús murió en la cruz para derrotar el reino del mal y de esa manera introducirnos a nosotros en su Reino.

Luego de resucitar Jesús siguió hablando del Reino: "Después de padecer la muerte, se les presentó dándoles muchas pruebas convincentes de que estaba vivo. Durante cuarenta días se les apareció y les habló acerca del reino de Dios" (Hch 1:3).

Como podemos ver, la vida entera de Jesús giró en torno al mensaje del Reino de Dios. Por eso es más que importante tener muy claro qué es el Reino.

Particularmente considero excelente el concepto que Howard Snyder hace sobre el Reino en su libro "La comunidad del Rey":

El Reino es el dominio o soberanía de Dios y no predominantemente un lugar o jurisdicción. Bíblicamente, Reino se refiere en primer lugar a una soberanía, dominio o autoridad y sólo secundariamente a la jurisdicción sobre la cual se ejerce esa soberanía.
Este concepto nos clarifica el hecho de que el Reino no es un lugar como muchos piensan, es la soberanía de Dios sobre todo y todos. El Reino no es un lugar en los cielos al cual vamos los cristianos, es exactamente lo contrario... ¡El Reino viene hacia nosotros!

Para dar fuerza a la afirmación anterior debemos remitirnos a los evangelios y recordar que Jesús decía: "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca"... y aún más claro en la oración modelo: "Venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo". Especialmente subrayo la expresión: "Venga tu Reino" para que veamos que nosotros, los cristianos, no vamos hacia el Reino, es el Reino el que viene hacia nosotros.

Por último y para clarificar aún más nuestra concepción sobre el Reino quiero citar lo que el mismo Snyder sigue diciendo:

¿Qué es el Reino de Dios? Es Jesucristo y, a través de la iglesia, la reconciliación de todas las cosas en él. Para el presente, es el crecimiento en el mundo de la gracia, el gozo, la salud, la paz y el amor vistos en Jesús. El Reino es al mismo tiempo presente y futuro, tanto terrenal como celestial, encubierto y en vías de manifestarse. Es tan concreto y tan de este mundo como el polvo que cubre los pies de Jesús o como el viento de Galilea en su cabello; tan costoso como la crucifixión; tan celestial como el Cristo sentado a la derecha del Padre. Se está extendiendo en la sociedad como el gramo de la semilla de mostaza; buscando penetrar en la sociedad como la levadura en la masa. Sus verdades y valores son aquellos que enseñó y vivió Jesucristo, y que entregó al núcleo de sus seguidores. Este Reino se manifestará completamente cuando Jesucristo regrese a la tierra con poder y en gloria.
Más claro que eso creo que ya no se puede.

Ahora bien, teniendo claro lo que es el Reino ya no será válido seguir enseñando en nuestras iglesias cosas que no tienen nada qué ver con este tema, de lo contrario estaríamos enseñando que no tiene relevancia para Jesús.

Ezequiel Barrera

Una aproximación al aspecto físico de Jesús

Jesús, según investigaciones de la BBC
La imagen de un Jesús con rasgos europeos en la que tiene pelo castaño claro, media melena, delgado, con barba y sobre todo de tez clara, es falsa y nada coherente con los judíos. Es más, tener esa imágen mental acerca de Jesús ya es un síntoma de que se nos ha inculcado el racismo de manera subliminal, pues pensar que Jesús era de piel clara y ojos azules es sinónimo de decir que él era hermoso y que no pensamos que Jesús, siendo moreno, podía también ser hermoso.

Como en el tiempo de Jesús todavía no existían las fotografías no se tiene una imagen clara del aspecto físico de Jesús, cosa que ha dado pie a que los artistas desde Velázquez hasta Rembrandt nos presenten a un Jesús con piel de porcelana, totalmente distinto a lo que alguien de origen semita era. Con la industria del cine ni se diga, la imagen que nos vendieron de Jesús es exactamente opuesta a la de nuestro Señor.

La verdad es que, basados en la generalidad de los judíos, Jesús no era tan alto, su piel era morena quemada por el furioso sol de esa región, nariz ancha, mandíbula recia, arcos de las cejas y pómulos prominentes.

Allá por el año 2001 la BBC presentó una serie titulada: "El Hijo de Dios" en la que explicaba a través de técnicas modernas forenses cómo se ha recreado el rostro de Jesús a partir del cráneo de un hombre judío del siglo primero, y muestra unas facciones fuertes en claro contraste con las delicadas imágenes de nuestros clásicos (1), tal y como ya describí en el párrafo anterior.

Entonces... ¿Por qué nos han hecho creer que Jesús era blanco y de ojos azules?Por el racismo.
El racismo es una de las muchas expresiones de discriminación entre los seres humanos. Se basa en la creencia de que hay razas superiores, más inteligentes, más capaces, entendiendo por “raza” la apariencia externa, el color de la piel, los rasgos del rostro. Naturalmente, por la hegemonía y el poder que en el mundo tiene la cultura occidental, la cultura europea, la cultura blanca y por la influencia de los productos culturales occidentales y estadounidenses, el racismo determina que lo oscuro, lo moreno, lo negro es inferior. Tras los horrores de siglos de esclavitud está el racismo. Tras los horrores de las cámaras de gas durante el nazismo está el racismo y la perversa búsqueda de una “raza pura”. (2)

La palabra "RAZA" en realidad es una expresión equivocada de clasificar a las personas. Lo cierto es que todas las personas por el hecho de ser humanos somos una sola raz; con distintos aspectos y rasgos, pero al fin somos la misma raza. En otra ocasión nos encantaría platicar el por qué somos diferentes unos de otros, ya que aquí surge la interrogante: ¿Por qué somos tan distintos si al final todos descendemos de Adán y Eva?... ¿No les parece interesante esta pregunta?

Volviendo a nuestro asunto, el presentarnos a un Jesús con rasgos anglosajones nos introduce la idea que Cristo es igual a ellos y que consecuentemente su "raza" es superior... cosa que no es así, para Dios todos somos iguales.

Jesús decidió nacer entre los campesinos de piel morena, gente de clase pobre y anduvo entre ellos para demostrar que para él sí son importantes. Tan importantes que se identificó con ellos y fue como ellos.

Esto nos deja una gran lección. Como jóvenes nos encanta sentirnos superiores al copiar las modas anglosajonas, porque pensamos que ellos sí son la mejor "raza" del planeta, olvidando que para Jesús eran mucho más importante los morenos excluídos, marginados y explotados.

Y no se trata solo de sentir compasión por ellos, se trata de actuar, de hacer algo para liberarlos de su pobreza, marginalidad, analfabetismo... porque servir a ellos es servir al mismísimo Dios.

Por cierto, qué contento me siento saber que ¡JESÚS ERA MORENO COMO YO!


Ezequiel Barrera

BUENAS NUEVAS A LOS POBRES

¿Qué es evangelizar? (II parte)

En la última ocasión platicamos sobre la necesidad de tener claro el concepto "Evangelización" para luego hacerlo correctamente. En ese afán descubrimos que hay por lo menos cinco elementos que se cumplieron en Jesús y que nosotros como jóvenes (parte de la iglesia y agente del Reino de Dios) debemos seguir proclamando.

El primero de esos elementos, según lo profetizado por Isaías, es el anunciar las BUENAS NUEVAS A LOS POBRES.
Aquí es importante saber a qué clase de pobres se refiere, pues contrario a lo que se podría pensar sobre los pobres espirituales, aquí se está hablando indubitablemente sobre los pobres económicos.

En nuestras sociedades latinoamericanas tenemos gente muy pobre. Gente que sobrevive con $1 diario, y por supuesto que eso no alcanza para alimentar a toda una familia y cubrir sus necesidades.

Por ejemplo en El Salvador el 58 por ciento de la población vive bajo la pobreza, una situación que provoca la salida del país de 720.000 personas cada año. El 70 por ciento de las familias que se quedan sobreviven gracias a las remesas que los emigrantes envían desde el exterior, unas cantidades que, sin embargo, no alcanzan para para cubrir las necesidades básicas -alimentación, agua, electricidad, educación y salud-- de una familia media compuesta por entre cuatro y seis miembros.

A esto hay que añadirle el desempleo y falta de oportunidades, y también la canasta básica está por las nubes (tanto así que hace poco andando en la calle, por algunas diligencias, tuve que ir a buscar un almuerzo en en el centro histórico de San Salvador, pero me quedé con hambre porque el precio de la comida era muy elevado para lo que yo ando diariamente).

En nuestro país hay niños desnutridos y sin acceso a la educación, muchas personas que tampoco tienen acceso a la salud... en fin, por falta de recursos económicos están restringidos de todo.

Es aquí donde entra la evangelización, que como ya hemos dicho es un concepto muy amplio, en el que la iglesia no debe limitarse solo pregonar que en Jesús hay salvación de una condenación eterna, sino también hay una esperanza para ser ayudado en la pobreza (y los demás elementos que platicaremos en la siguiente oportunidad).

Las iglesias que realmente evangelizan son aquellas que desarrollan programas para ayudar a las personas que viven en una situación precaria. Las iglesias que pregonan las buenas nuevas son aquellas que tienen como parte de su misión proveer lo necesario para aquellos que no tienen nada.

Eso es llevarle las buenas nuevas a los pobres... ¡Saciarles el hambre al mismo tiempo en que se les enseña que en Jesús hay salvación!
Ese era el modelo de la iglesia primitiva:
"Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían. Los apóstoles, a su vez, con gran poder seguían dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre todos ellos, pues no había ningún necesitado en la comunidad. Quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad".   Hechos 4:32-35
En esos versículos vemos claramente que no había ningún necesitado entre ellos y a la vez se reunían para que los apóstoles les dieran el testimonio de la resurrección de Jesús.

Si una iglesia evangeliza de palabra, solo para ganar adeptos, y no hace nada por los pobres... ¡Es una iglesia muy alejada del modelo bíblico!

La gran pregunta es: ¿Qué estamos haciendo nosotros en las iglesias para aproximarnos a la iglesia primitiva?

Ezequiel Barrera

¿Qué es evangelizar? (I Parte)

El concepto tradicional que tenemos de evangelizar es ir a las personas y presentarles "el plan de salvación"(1). Pero ese es un concepto escueto y simple que no denota lo que realmente es evangelizar.

En primer lugar es necesario comprender lo que significa la palabra "EVANGELIZAR". Para ello es importante analizar la raíz etimológica de la misma, que viene del griego evangelion y que traducido literalmente es buenas noticias, buenas nuevas.

Ahora bien, acá surge obligatoriamente la interrogante ¿Cuáles buenas nuevas? o ¿Cuáles son las buenas noticias?

Cualquiera pudiera opinar que las buenas nuevas nuevas consisten en decirle a la gente que pueden ser salvos de una condenación eterna si aceptan a Jesús como su salvador personal, sin embargo eso no es todo lo que realmente son las buenas nuevas.

Para conocer lo que realmente son las buenas noticias necesitamos estudiar Lucas 4:17-21, en el cual dice lo siguiente acerca de Jesús:

17 y le entregaron el libro del profeta Isaías. Al desenrollarlo, encontró el lugar donde está escrito: 18 «El Espíritu del Señor está sobre mí,
        por cuanto me ha ungido
        para anunciar buenas nuevas a los pobres.
    Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos
        y dar vista a los ciegos,
    a poner en libertad a los oprimidos,
19 a pregonar el año del favor del Señor.»
20 Luego enrolló el libro, se lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga lo miraban detenidamente, 21 y él comenzó a hablarles: «Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes.»
Al leer el texto entendemos que las buenas nuevas que Jesús proclamó y que a la vez la iglesia como agende de su Reino debería seguir haciéndolo, consisten en al menos cinco elementos:
*Buenas noticias a los pobres
*Proclamar libertad a los cautivos
*Dar vista a los ciegos
*Poner en libertad a los oprimidos
*Pregonar el año del favor del Señor.

Comenzaremos a desmenuzar uno por uno, de esos elementos, en la siguiente ocasión y así llegar a tener una cosmovisión de lo que es realmente evangelizar y que como jóvenes interesados en la extensión del Reino deberíamos entender para luego hacerlo correctamente.

(1) El concepto de Salvación es más amplio de lo que comunmente pensamos. Para más detalles ver el blog anterior: "SALVACIÓN y sus implicaciones".

Ezequiel Barrera


SALVACIÓN y sus implicaciones

Cuando piensas en la "SALVACIÓN", ¿Qué es lo primero que se te ocurre?

Probablemente lo que se te viene a la mente es el concepto de "salvación de la condenación eterna". Esta consiste en que todos estamos ya destituidos de la gloria de Dios y que necesitamos ser redimidos a través del sacrificio de Cristo. Y está bien pensar así, pero a decir verdad esto solo representa una parte de lo que realmente implica LA SALVACIÓN.

El concepto de salvación que en la cultura hebrea se tenía era mucho más amplio del que nosotros tenemos. Salvación para los judíos implicaba por sobre todas las cosas: Liberación del yugo opresor de los pueblos que constantemente los acosaban.

De hecho Jesús mismo no manejaba el término "salvación" como nosotros, él siempre se refirió a salvación como un concepto integral, en donde no solamente cabe la liberación, sino también la sanidad. Es más, la palabra salvación también puede traducirse, del griego, como sanidad.

¿Recuerdan aquel relato en el que la mujer con el flujo de sangre tocó el borde del manto de Jesús? ¿Recuerdan lo que Jesús le dijo? Mujer, tu fe te ha salvado, por lo tanto recibe sanidad y vete en paz.

Ni Jesús, ni la mujer estaban pensando en salvación de condenación eterna, más bien los dos sabían perfectamente que se trataba de recibir salvación de su aflicción y enfermedad. He aquí un ejemplo, de tantos, que la salvación es integral y no se limita lisa y llanamente a la salvación de la condenación eterna.

Por otro lado tenemos a Zaqueo, quien después de haber recibido a Jesús en su casa, cambió de actitud y devolvió a los pobres lo que les había robado... Fue entonces cuando Jesús dijo: ¡La salvación ha llegado a esta casa!. Porque en ese sentido, salvación quería decir que Zaqueo no solamente había recibido perdón de pecados, sino también había entendido que debía devolver los bienes de aquellos a quienes él había oprimido.

Los judíos entendían que salvación quería decir ser librados del yugo opresor. En el caso específico del tiempo de Jesús, querían salvación del imperio romano.

Sobran aquellos teólogos, simples, que ven esa concepción de los judíos como algo en contra de la voluntad de Dios, sin embargo no es así. El mensaje del Reino nos enseña que Dios está muy interesado en salvarnos (pero entendiendo salvación como realmente es, integral. De todo aquello que nos aflige como las enfermedades, yugo opresor.. etc).

Para resumir y decirlo en otras palabras más sencillas, debemos entender que cuando se dio la CAÍDA en el Edén se perdieron tres cosas:


*Relación con Dios
*Se estrpearon las relaciones humanas
*Relación con la creación.

Y estas mismas son las que se restablecen cuando hay salvación. Esto es lo que implica el concepto de salvación.

Por tanto, si nos consideramos salvos debemos entender que nuestra salvación implica no solo la liberación de una condenación eterna, sino también una liberación de todo aquello que nos aflige aquí en la tierra, y asimismo restablecer las relaciones con los demás y con la creación.... Y ¡ESA ES UNA BUENA NOTICIA!

Evidencias de alguien que es salvo:
*Prácticamente se lleva bien con los demás, o al menos lo intenta.
*Es respetuoso de la creación.
*Está en comunión con Dios.

Noten que no mencioné que las evidencias son que vaya a la iglesia y hasta sirva en ella, porque eso lo puede cualquiera, pero vivir en armonía con los demás, la creación y sobre todo con Dios... ¡Solo los salvos pueden!

¿Cómo jóvenes cristianos, estaremos evidenciando en nuestras vidas que somos salvos?

Ezequiel Barrera

La cultura del "Amén automático".

La cultura del Amén automático es aquella en la que muchos le decimos "Amén" a todo lo que nuestros predicadores nos dicen, sin indagar si eso que nos enseñan está verdaderamente sustentado en la palabra del Señor.

Hoy en día es muy frecuente escuchar "predicaciones" con un contenido legalista e irracional, y por supuesto con ningun respaldo de las escrituras. Los seudo predicadores impregnan sus discursos con señalamientos y condenaciones.

Esos falsos maestros les enseñan a la gente cómo vestirse (en especial a las mujeres haciéndo énfasis en que no deben usar pantalones y sí usar velo o mantelina), qué clase de música deben escuchar, cuál es el "peinado santo" que los jóvenes deben hacerse...  en fin, una serie de cosas que son irrelevantes a Dios y que no contribuyen en nada al avance del reino.

Lo peor de todo es que esas enseñanzas triviales y ridículas, son impuestas de manera tajante y poco ética. Estos predicadores del evangelio barato les imponen, de manera autoritaria, todas estas cosas legalistas a la gente con insultos y gritos.

Y cuando uno piensa que con esto ha visto todo, se queda con la boca abierta porque la gente se emociona cuando en sus iglesias se les imponen esas reglas religiosas y encima lo hacen con insultos... la gente se apasiona tanto que aplaude y dice con energía: "AMÉN", aceptando como sagrado lo que se les impuso.

Por eso nosotros deberíamos ser como los de la ciudad de Berea, que escuchaban con atención el mensaje del apóstol Pablo, pero luego iban a las escrituras a corroborar si lo que se les había predicado realmente estaba sustentado en la Palabra (Hechos 17:10-11).

Por otro lado, son muy pocos los que realmente están comprometidos con la palabra y enseñan lo que  ella nos dice, que practicamente puede resumirse en lo siguiente: 

"Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios" (Miqueas 6:8).
 Con una simple lectura, uno puede darse cuenta que lo que Dios quiere de nosotros no tiene nada qué ver con lo estético o reglas ridículas que nos imponen los fariseos de la actualidad.

Por último quiero traer a mención las excelentes palabras de Juan Stam al hablar sobre este asunto:

La cultura del "Amén automático" es irreflexiva y acrítica. A menudo el decir Amén es algo así como roncar, porque ambos se hacen estando dormidos y sin pensar. Por eso a veces alguien puede soltar su "Amén" antes de que el predicador o la predicadora hayan terminado la oración o expresado su idea. No importa lo que haya dicho, diré Amén, y cuánto más fuerte, mejor.

Ezequiel Barrera

¿La religión es el opio de los pueblos?

Claro que sí, la religión es el opio de los pueblos.
Karl Heinrich Marx ha sido duramente criticado por plantear que la religión es el opio de los pueblos; sin embargo, si lo pensamos un poco más, los cristianos nos daremos cuenta que este pensador socialista tenía mucha razón.

La verdad es que la religión nos atonta, nos hace pensar que nuestro deber es estar en la iglesia (y entre más estemos ahí, mejor), la religión nos satura de una serie de ceremonias y sacrificios innecesarios, nos impone reglas inventadas a la conveniencia de sus líderes, nos encierra en una burbuja totalmente apartada de la realidad que los mismos religiosos viven en la sociedad...

El mensaje de Jesús, el del reino, es muy distinto a todo lo que la religión nos enseña e impone. El mensaje del reino nos hace reflexionar, nos motiva a salir de las cuatro paredes de la iglesia para exigir justicia en una sociedad injusta, cuyos gobernantes son corruptos. Las enseñanzas de Jesús nos mueven a salir de la comodidad, nos incitan a pensar integralmente, nos envían a establecer su reino en el aquí y el ahora.

Jesús denunció la religiosidad que había en Israel, y lo hizo con ímpetu, claramente y sin vacilación (Mateo 23).

He aquí algunos indicadores de religiosidad:


*Si nos interesa más ir a la iglesia y no ayudar a alguien en domingo, somos religiosos.
*Si es más importante nuestra manera de vestir que de actuar, somos religiosos.
*Si nos importa más el próximo concierto cristiano y no sabemos qué consecuencias tienen las últimas decisiones de la Asamblea Legislativa, somos religiosos.
*Si nos interesa más estar en la iglesia que dejar de ir (de vez en cuando) para salir a divertirse con la familia, somos religiosos.
*Si criticamos la música o forma de peinar de los jóvenes en nuestras iglesias, pero no exigimos justicia a nuestros corruptos gobernantes, somos religiosos...

Con razón el Señor se expresa de la siguiente manera, respecto a la religiosad que atonta las mentes:

Yo aborrezco sus fiestas religiosas,
no me agradan sus cultos solemnes...
Aleja de mí el bullicio de tus canciones;
no quiero oír la música de tus cítaras.
Pero que fluya el derecho como las aguas,
y la justicia como arroyo inagotable.
                                                      (Amós 5:21-24)

¡Dios quiera que nos convirtamos en verdaderos cristianos y dejemos la religiosidad de una vez!

Ezequiel Barrera

¿Dónde está Jesús?

Una mañana cualquiera me levanté buscando a Jesús en la iglesia. Me aterrorizaba la idea de no poderlo encontrar, mi corazón comenzó a palpitar más rápido cual nunca antes, lágrimas de desesperación brotaron de mis pupilas, me sentía desorientado y abrumado. ¡Quería morir al no encontrar a Jesús en la iglesia evangélica!

Me senté con el ánimo de calmarme y me puse a observar cuidadosamente toda la escena para tal vez así encontrar a Jesús en el lugar. Por un lado vi algunos pastores que predicaban elocuentemente pero yo no pude concentrarme en sus palabras porque en sus frente tenían una llaga enorme llamada pecado; además al cerrar mis ojos para escucharlos solamente, me dio asco todo lo que hablaban pues se promovían a sí mismos en sus medios de comunicación y de Jesús no escuché nada; también quise vomitar cuando hablaban de un tal 'evangelio de la prosperidad' que ponía eufórica a la congregación pensando en hacerse ricos, olvidando que la mayor riqueza está en compartir el pan con el necesitado.

Decidí dejar de prestarles atención y enfocarme hacia otro rincón del ámbito evangélico con la esperanza de ver a Jesús. Pero no fue agradable la sorpresa que me llevé cuando un grupo de cristianos 'espirituales' dejaban que se manifestara el "Espíritu" y ellos corrían, saltaban, se caían y se reían lunáticamente; pero cuando al fin terminaban, ya en su sano juicio volvían a practicar sus inmorales actitudes.

Triste, aparté mi mirada de ellos para visualizar un último rincón. Pero de igual forma me sentí pusilánime al no encontrar a mi Jesús y en su lugar encontré a divisionistas y legalistas que ordenaban y exigían una forma de vestir, un solo género 'cristiano' musical a escuchar, una manera de caminar, un solo vocabulario y hasta una sola forma de sentarse, para que de esa manera pudieran apegarse a las reglas tontas de su iglesia (que para ellos era la única con la verdad del evangelio). En este rincón todos se preocupaban por las apariencias y no por una vida íntegra y santa, por lo cual me parece que Jesús no estaba ahí.

Desilucionado al no ver por ningún lado a Jesús, casi agonizando y con dolores indescriptibles me vi a mí mismo y supe que yo también tenía un poquito de lo que había en cada uno de esos rincones en mi corazón... ¡Me dio asco el solo verme en esta misma condición! ¡Mis pecados habían alejado a Jesús de mi corazón! ¡Mi vanagloria y mi poco interés por los necesitados me había hecho un apestoso títere de cristiano!

Fue entonces cuando avergonzado de mí mismo miré hacia la puerta y decidí salir de la escena, pues al fin que Jesús no estaba ahí. ¡Y vaya sorpresa que me llevé! Ahí estaba Jesús, justo frente a la puerta de la iglesia evangélica. Me postré ante él y le dije: ¡Amado Jesús perdoname por haberte alejado de mi corazón a causa de mis asquerosos pecados y mi hipocresía!

Jesús me miró, me sonrió, tomó mi corazón y lo limpió. Cuando me lo devolvió ya no apestaba, al contrario tenía un dulce olor a santidad (misma debía cuidar para que su olor en vez de desaparecer, oliera más y más cada día a partir de ese momento).

Jesús-le pregunté- ¿Por qué estás aquí afuera de la iglesia evangélica?
Con un tono triste y un suspiro profundo me miró fijamente a los ojos y me dijo: Esta iglesia dice: "Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada" ; pero no se da cuenta de que la infeliz y miserable, la pobre, ciega y desnuda es ella. Por eso le aconsejo que de mí compre oro refinado por el fuego, para que se haga rica; ropas blancas para que vista y cubra su vergonzosa desnudez; y colirio para que se lo ponga en los ojos y recobre la vista. Yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.

De pronto desperté sobre mi cama, mi corazón aun palpitaba a mil por segundo, me di cuenta de que solo era un sueño... pero cuando me levanté vi que ese sueño me perseguía y se volvía pesadilla porque la iglesia así vive hoy: ¡TENIÉNDOLO TODO, MENOS A JESÚS!

Ezequiel Barrera


Bienvenid@s

Te damos la mas cordial Bienvenida al espacio de Teología donde los jóvenes son quienes ocupan el lugar para reflexionar la fe.
El mundo y sus elementos cambian, pero las verdades de Dios siguen y permanecen, para iluminar y anunciar buenas noticias de reconciliación a la humanidad.

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