Claro que sí, la religión es el opio de los pueblos.
Karl Heinrich Marx ha sido duramente criticado por plantear que la religión es el opio de los pueblos; sin embargo, si lo pensamos un poco más, los cristianos nos daremos cuenta que este pensador socialista tenía mucha razón.
La verdad es que la religión nos atonta, nos hace pensar que nuestro deber es estar en la iglesia (y entre más estemos ahí, mejor), la religión nos satura de una serie de ceremonias y sacrificios innecesarios, nos impone reglas inventadas a la conveniencia de sus líderes, nos encierra en una burbuja totalmente apartada de la realidad que los mismos religiosos viven en la sociedad...
El mensaje de Jesús, el del reino, es muy distinto a todo lo que la religión nos enseña e impone. El mensaje del reino nos hace reflexionar, nos motiva a salir de las cuatro paredes de la iglesia para exigir justicia en una sociedad injusta, cuyos gobernantes son corruptos. Las enseñanzas de Jesús nos mueven a salir de la comodidad, nos incitan a pensar integralmente, nos envían a establecer su reino en el aquí y el ahora.
Jesús denunció la religiosidad que había en Israel, y lo hizo con ímpetu, claramente y sin vacilación (Mateo 23).
He aquí algunos indicadores de religiosidad:
Con razón el Señor se expresa de la siguiente manera, respecto a la religiosad que atonta las mentes:
¡Dios quiera que nos convirtamos en verdaderos cristianos y dejemos la religiosidad de una vez!
Ezequiel Barrera
0 comentarios:
Publicar un comentario